Las ideas. Su política y su historia: ii. Constitución y terror, polos de la modernidad.

Internet como instrumento para la Yihad

Alfonso Merlos García | Universidad Complutense de Madrid

 

Resumen

Las extraordinarias ventajas que ofrece Internet lo han convertido en un instrumento clave y dinámico en la estrategia de los yihadistas. Los medios de comunicación, la clase política y las agencias de seguridad e información han tendido a concentrar sus esfuerzos en la neutralización del ciberterrorismo sin prestar suficiente atención a los múltiples usos de Internet que están haciendo los neosalafistas: para la propaganda y para la guerra psicológica, para el reclutamiento y para la financiación, para la documentación y para la planificación de atentados. Las democracias deberían considerar el coste que tendrá la derrota frente al movimiento yihadista globalizado en la batalla por el ciberespacio.
Palabras clave: terrorismo - yihad - internet - nuevas tecnologías.

Abstract

The great virtues of the Internet –ease of access, lack of regulation, vast potential audiences and fast flow of information– have been turned to the advantage of destructive groups and cells committed to terrorizing societies to achieve their goals. The mass media, policymakers and security and information agencies have tended to focus on the threat of cyberterrorism and paid insufficient attention to the more routine uses made of the Internet, ranging from the psychological warfare and propaganda to highly instrumental uses such as fundraising, recruitment, data mining and coordinations of actions. Western democracies must consider the benefit of applying counterterrorism measures to the Internet.
Key-words: terrorism - jihad - internet - new technologies.

 

La naturaleza original y las nuevas dimensiones estructurales y operativas hasta las que ha crecido la amenaza del nuevo yihadismo están directamente vinculadas al uso de las nuevas tecnologías. En el actual escenario estratégico, la comunicación y la propaganda se han convertido en elementos centrales de la estrategia del movimiento yihadista globalizado para garantizar la eficacia en la búsqueda de la intimidación y la extorsión, del chantaje y la sumisión; también para reforzar el carácter simbólico de cada oleada de violencia política premeditada y sistemáticamente diseñada. La comunicación y la propaganda son factores no suficientes pero sí necesarios para comprender cómo la monolítica, vertical y rígida Al Qaida ha sido capaz de sobrevivir a una ofensiva de acoso y hostigamiento sin precedentes no sólo manteniendo intacta su capacidad de movimiento y su potencial operativo sino fortaleciéndolos hasta el extremo. Descubriendo, explotando y controlando un nuevo teatro de operaciones

El ciberespacio se ha convertido en el marco de operaciones ideal para las organizaciones terroristas que han sabido poner al servicio de sus intereses tácticos y estratégicos las innumerables ventajas que ofrece el entorno: facilidad de acceso y mantenimiento, escasa regulación y control gubernamental, anonimato, rapidez en el intercambio de información, acceso a la opinión pública internacional y, en definitiva, comodidad para la planificación y coordinación de operaciones que resultan rentables tanto en términos de recursos empleados como de alcance global gracias a la fuerza multiplicadora de la Red [1] . A ello hay que sumar que Internet ha logrado anular las barreras éticas que los medios de comunicación tradicionales establecen sobre los contenidos especialmente violentos, algo que reviste especial relevancia dada la alergia que muestran los gobiernos occidentales al hecho de que el impacto de imágenes cruentas en la opinión pública pueda condicionar su apoyo a determinadas orientaciones de la política exterior [2] .

La principal preocupación de políticos, agencias de seguridad, académicos y periodistas se ha centrado tradicionalmente en el desafío que supone el ciberterrorismo minusvalorando los distintos “usos pasivos” que las organizaciones terroristas hacen de Internet. Precisamente sólo a través del análisis de la completa gama de maniobras desplegadas en el ciberespacio será posible comprender mejor los movimientos, la capacidad y las intenciones de los neosalafistas para contrarrestar, en la medida de lo posible, sus campañas de proselitismo y propaganda de alcance mundial y, sobre todo, su poder de actuación: el rastreo y control de las comunicaciones de los círculos yihadistas por parte de los servicios de información e inteligencia de Estados Unidos y sus aliados ha facilitado relevantes detenciones y la consiguiente ruptura de tramas terroristas en distintas fases de planificación.

La mayor parte de los comunicados que ha emitido el espontáneo y desestructurado pero eficaz aparato de comunicación del movimiento yihadista globalizado, carente de un centro de gravedad definido, son posteriores a los atentados contra Washington y Nueva York. Al Qaida utilizó originalmente el sitio ‘alneda.com’ para centralizar su producción propagandística.

Ese sitio operó inicialmente desde un servidor en Malasya y fue derribado el 13 de mayo de 2002; de nuevo reabierto en Texas el 2 de junio, los servicios de información estadounidenses lo capturaron el 13 de junio; finalmente, rehabilitado desde Michigan el 21 de junio, fue definitivamente clausurado cuatro días después.

La estructura de la organización fundada por Osama Bin Laden y Abdullah Azzam ha seguido en Internet el mismo destino que sus operativos sobre el terreno: un imparable proceso de atomización y descentralización ha permitido a los partidarios del salafismo yihadista operar miles de páginas, de las que ‘assam.com’, ‘almuhrajiroun.com’, ‘qassam.net’, ‘jihadunspun.net’, ‘aloswa.org’, ‘drasat.com’, ‘jehad.net’, ‘islammemo.com’ o ‘alsaha.com’ son sólo algunos ejemplos significativos de portales, muchos de ellos ya inhabilitados.

En el marco de la desbocada estrategia de comunicación yihadista, los mensajes emitidos a través de los canales por satélite Al Yazira, Al Arabiya o Abu Dhabi y remitidos a los periódicos Al Quds al Arabi, Al Hayat o Al Sharq al Awsat representan una parte cuantitativamente insignificante del volumen total de propaganda. En cambio, y desde un punto de vista cualitativo, resultan de una indiscutible trascendencia las prédicas y los documentos estratégicos vehiculados a través de estos medios por elementos del anillo central de Al Qaida como Osama Bin Laden, Ayman Al Zawahiri, Saif el Adel, Suleiman Abu Gaith o Abu Musab Al Zarqawi y por elementos integrantes de su descoordinado pero letal aparato idológico-mediático como Yusuf Al Ayiri, Omar al Bakri, Hassan Al Turabi, Abu Hamza al Masri o Abu Qutada.

A través de sus comunicados, la vieja cúpula de Al Qaida y la constelación policéntrica y polimorfa que le ha sucedido han buscado, esencialmente, reivindicar atentados o negar su responsabilidad, comentar a través de argumentaciones de carácter político o religioso la marcha de la yihad, extorsionar a la opinión pública y a los poderes ejecutivos tras la toma de rehenes, aportar pruebas visuales y verídicas del asesinato de secuestrados, emitir amenazas explícitas sobre futuros atentados, y movilizar al mundo musulmán para mantener altos los niveles de reclutamiento.

La abrumadora mayoría de esos mensajes se han vehiculado a través de Internet, que ha marginado definitivamente el protagonismo de la radio, la televisión y los medios impresos: entramados terroristas que se activan y movilizan a través de una ideología medievalista están demostrando su extraordinaria devoción por el uso de las tecnologías más modernas con el fin de hacer avanzar sus agendas absolutistas. Los yihadistas han multiplicado exponencialmente el número de mensajes destinados a reivindicar masacres y, simultáneamente, ha crecido la velocidad con la que han asumido su autoría: acciones que en el marco anterior al 11S se reivindicaban en semanas o meses, en el caso de que así fuera, ahora se reivindican en horas o minutos.

En el actual contexto estratégico, los terroristas controlan de manera directa el fondo y la forma de sus mensajes; tienen mayor margen de maniobra para manipular su imagen y la de sus enemigos; producen y editan sus comunicados sin intermediarios ni filtros y en ocasiones con un altísimo grado de sofisticación, intentando dominar así la influencia y el impacto sobre sus potenciales audiencias. De forma episódica e intensiva, los neosalafistas plantean que Occidente no les ha dejado otra opción más que la de recurrir a la violencia, que Estados Unidos y sus aliados son los que ejercen el verdadero terrorismo y las agresiones más brutales, inhumanas e inmorales y, en definitiva, que el recurso a la fuerza contra militares y civiles es un medio instrumental, transitorio y coyuntural para frenar a gobiernos represivos y, por extensión, a los enemigos de los musulmanes. El entramado que ha emergido para relevar a la anterior cúpula árabe afgana ha explotado el entorno multimedia con fines múltiples, sectoriales y complementarios.

En primer lugar, lo ha utilizado para promover operaciones de guerra psicológica. A través de Internet, los yihadistas han sido capaces de sostener una campaña de desinformación que ha combinado sistemáticamente la reivindicación de atentados con la propagación de nuevas amenazas, fundadas o infundadas. El objetivo claro ha sido transmitir una imagen interna de vigor, fortaleza y pujanza, intentando minar la moral de Estados Unidos y sus aliados y fomentando la percepción de vulnerabilidad en esas sociedades.

A través de esta estudiada estrategia, grupos y células de escasa envergadura y de desconocida estructura han conseguido amplificar extraordinariamente el alcance de su mensaje y sus acciones alcanzando un impacto global. Los videos de las torturas, las súplicas y/o el asesinato de rehenes como los estadounidenses Nicholas Berg, Eugene Armstrong y Jack Hensley, los británicos Kenneth Bigley y Margaret Hassan o el surcoreano Kim Sun-Il que han circulado descontroladamente por numerosos servidores y portales de Internet han reforzado cíclica y persistentemente la sensación de indefensión de las sociedades occidentales y han cuestionado la legitimidad y los efectos de la “Operación Libertad Iraquí”.

En segundo lugar, jóvenes islamistas entusiasmados con el caudal informativo que fluye a través de Internet han encontrado en este sistema una inagotable fuente de documentación interna, una biblioteca de la que están extrayendo los datos y las fórmulas más completas para conseguir las más diversas metas: desde hackear páginas electrónicas hasta sabotear redes, crear ficheros protegidos por códigos de encriptación o desarrollar agentes químicos y biológicos susceptibles de ser empleados como armamento. A través de fuentes abiertas y sin recurrir a medios ilegales, según ha reconocido el propio Departamento de Defensa de Estados Unidos, es posible reunir hasta el 80% de la información necesaria, desde un punto de vista cualitativo y cuantitativo, para atacar con eficacia al enemigo. Desde el acceso a mapas y planos sobre potenciales objetivos pasando por la averiguación de los horarios de medios de transporte o detalles precisos sobre el funcionamiento de infraestructuras críticas como aeropuertos, puertos, centrales hidroeléctricas, refinerías de petróleo, presas, plantas nucleares o plantas químicas, los terroristas han visto en la Red una ventana abierta a la consecución de sus objetivos de destrucción en masa.

En algunos ordenadores incautados a miembros de Al Qaida han aparecido los detalles de la estructura arquitectónica y de ingeniería de una presa, que se habían descargado de una página electrónica y que podían permitir a los ingenieros y planificadores de la red diseñar atentados catastróficos para golpear esas instalaciones. De otras computadoras se ha sabido que fueron utilizadas por los yihadistas para navegar por páginas que ofrecían instrucciones de programación de los interruptores digitales que hacen funcionar las redes de agua, energía, transporte y comunicaciones, una información que podría facilitar la ejecución de ciberatentados a gran escala con repercusiones humanas y económicas incalculables.

En tercer lugar, el ciberespacio se ha convertido en un campo abierto para la movilización, la agitación, el reclutamiento y el entrenamiento. En el entorno de anonimato que facilita Internet, los elementos que conforman el movimiento yihadista globalizado distribuyen boletines electrónicos de marcado carácter propagandístico (como Al Battar o Sawt al Yihad), intercambian videos, disponen de foros para el cruce de opiniones e impresiones y hacen uso de salas de chats privadas para comunicarse sin riesgos. El uso de programas que permiten conversaciones en la intimidad de acceso codificado y restringido ha sido un sistema habitual para cerrar el envío de muyahidines a Irak, individuos sin experiencia de combate que habían accedido electrónicamente a incontables manuales de entrenamiento militar bajo títulos como “El arte del secuestro”, “Instrucciones militares para los muyahidines”, “La guerra dentro de las ciudades”, “Manual del terrorista”, “Manual de venenos para los muyahidines” o “Manual para el sabotaje”. El elevado aumento del número de participantes en estos círculos ciberyihadistas que se comunican en inglés es consecuencia directa del proceso de radicalización y conversión al salafismo armado de un preocupante segmento de la diáspora musulmana en Europa.

Las redes que han emanado de la vieja Al Qaida han explotado las valiosas oportunidades para la interconexión, la integración y la cohesión que ofrece Internet, que ha robustecido de manera extraordinaria el sentimiento de identidad colectiva de militantes geográficamente dispersos pero ideológicamente integrados y compenetrados, partícipes de una única e innegociable concepción del orden mundial.

Por último, las nuevas tecnologías se han puesto al servicio de la planificación y coordinación táctica y estratégica de operaciones de destrucción en masa. Ya en el escenario previo a los atentados contra Washington y Nueva York, el palestino Abu Zubayda, al frente del reclutamiento y la logística de la matriz de Al Qaida, utilizó una página electrónica para comunicarse a través de mensajes encriptados con las células bajo el mando del egipcio Mohamed Atta. En el momento de su detención en Pakistán, el 28 de marzo de 2002, Zubayda acumulaba más de 2.300 mensajes en su ordenador con claves para su protección. Sus comunicaciones, muchas de ellas sostenidas desde cibercafés de Pakistán, se intensificaron en mayo de 2000, alcanzaron su cima en agosto de 2001 y se extinguieron el 9 de septiembre de 2001.

El líder operativo de las cuatro células suicidas que actuaron la mañana del 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York confirmó la fecha de los atentados, el número de terroristas implicados en la trama y la identificación de los objetivos a través de un escueto mensaje electrónico: “El semestre comienza en 3 semanas. Hemos obtenido 19 confirmaciones para estudiar en la Facultad de Leyes, en la de Arquitectura, en la de Artes y en la de Ingeniería”. También en el contexto del 11S, el fiscal federal del Distrito de Columbia, Ken Wainstein, reveló ante la Comisión de Actividades Criminales, Terrorismo y Seguridad Interna del Congreso de Estados Unidos que dos de los secuestradores implicados en esa operación, Nawaf Al Hazmi y Khalid al Mihdar, hicieron las reservas para el vuelo 77 de American Airlines que luego estrellarían contra el Pentágono desde el servicio de Internet de la biblioteca de una universidad pública de Nueva Jersey.

 

La eclosión de la propaganda multimedia

El contexto de posguerra iraquí ha abierto una ventana de oportunidad para la experimentación y la consolidación de Internet como herramienta decisiva en la estrategia del terrorismo yihadista. Los mensajes a través de la Red han corrido a cargo de brigadas de las que se desconoce su composición y estructura, como las de Abu Hafs al Masri, Al-Islambuli, Abu Ali al-Harthi o la Organización Ansar Al-Zawahiri. Y no sólo eso: tampoco está determinado que sean, en efecto, unidades de acción más o menos nutridas de yihadistas que operan sobre el terreno y son autores materiales de atentados o, por el contrario, células vinculadas exclusivamente al aparato mediático y propagandístico de las redes desestructuradas que han germinado del núcleo original de Al Qaida.

Los esfuerzos del jordano Abu Musab Al Zarqawi para convertirse en referente moral y dotar de liderazgo estratégico, inspirador e instigador a las células que operan en Irak ha sido extraordinario. Tanto su organización, Tawhid wal Yihad como el Ejército Islámico de Irak, Ansar al Sunna o Ansar al Islam han insistido en transferir a los iraquíes la idea de que la democracia es una forma ilegítima y antimusulmana de gobierno y que el ejecutivo de Bagdad no es más que un títere manejado por Estados Unidos y una coalición de cruzados y sionistas que actúa contra el interés general del mundo árabe y musulmán.

Internet está facilitando la canalización de mensajes que tienen como único fin la justificación desde ángulos políticos y religiosos de las más atroces masacres que se están perpetrando en el escenario de posguerra. Ha sido el caso de las fatuas sancionadas periódicamente por jeques como Abu Salman

Al-Falistini, Mohammed Al-Muqaddasi o Abdulá Rashid, que en octubre de 2004 emitió un decreto titulado “Resurrección de la tradición de decapitar infieles” en el que dictaminó que Mahoma consideraba este método como el más efectivo para intimidar al enemigo. Otros emires cuya autoridad se desconoce han emitido sentencias a favor de los atentados con armamento de destrucción masiva o publicado análisis con títulos como “Estados Unidos planeó atacar al régimen talibán mucho antes del 11S”, “Las 40 mentiras de la Administración Bush sobre la Guerra contra el Terrorismo”, “Mata a la gente, mata a los medios de comunicación, mata a la libertad: los nuevos logros de Estados Unidos” o “Los planes de Estados Unidos para las ejecuciones en Guantánamo”.

Uno de los aspectos más preocupantes que representa la amenaza yihadista en sus nuevas dimensiones es consecuencia directa de las implicaciones estratégicas que puede tener a corto y medio plazo un hecho difícilmente discutible: elementos terroristas indoctrinados y dotados de una ideología arcaica y primitiva están mostrando un altísimo grado de atracción y fascinación por las tecnologías más vanguardistas, en la medida en que pueden convertirse, como efectivamente lo están haciendo, en herramientas de primer orden para conseguir sus fines. La internacional islamista está logrando que cada día más y más elementos de los que componen un complejo sistema de redes y anillos sean capaces de manejarse con un elevado grado de sofisticación en el ciberespacio. Las técnicas que están manejando son complejas y la eficacia con la que las están instrumentalizando es notable.

Los yihadistas están abusando de la esteganografía, un método que permite ocultar un fichero de audio, texto, gráficos o video en archivos digitales y convencionales para desafiar a través del camuflaje la monitorización de los servicios de información occidentales. Estados Unidos está multiplicando el número de sus expertos en análisis de tráfico electrónico y esteganográfico, para lo que está desarrollando programas específicos al servicio, fundamentalmente, de los operativos de la Agencia Central de Inteligencia, la Agencia de Seguridad Nacional y el FBI. Precisamente son estos departamentos los que tras el 11S están aplicando con mayor énfasis un programa intensivo de formación y contratación de analistas bilingües con un completo dominio de dialectos como el urdú o el pastún y han incorporado a sus equipos un altísimo grupo de matemáticos e informáticos para ganar la batalla de Internet decodificando e interpretando la información procedente principalmente de

Pakistán, Indonesia y Malasya; en general, de aquellos Estados en cuyas ciudades los neosalafistas han abusado además del uso de teléfonos móviles y satélites con el fin de que sus llamadas quedasen ocultas en el ruido provocado por la alta densidad de comunicaciones.

Los neosalafistas han recurrido a las técnicas más diversas para evitar la vigilancia y garantizar hasta el máximo nivel la seguridad de sus comunicaciones internas reduciendo el tiempo de transmisión y aumentando la variedad y la complejidad de la información compartida a un coste muy reducido, si consideramos que un programa de encriptación se puede obtener por apenas 15 dólares. En ocasiones, los mensajes entre operativos/emisores ubicados físicamente a miles de kilómetros de distancia y en distintos continentes se han colgado de un servidor corporativo privado de una empresa predeterminada desde donde operativos/receptores han podido recuperar y, a continuación, eliminar el comunicado sin dejar rastro: en definitiva, han conseguido convertir la infiltración de una página a espaldas del propietario en un cómodo, discreto y eficiente sistema de mensajería interna.

En otros casos, los terroristas han manipulado páginas electrónicas de empresas privadas u organismos internacionales para crear en ellas ficheros adjuntos con propaganda: el video del rehén Paul Johnson apareció en primicia mundial en la página electrónica de la empresa “Silicon Valley Land Surveying”, con sede en San José (California), lo que constituyó una auténtica revolución mundial en las técnicas de propaganda y una emulación de las “formas de trabajo” empleadas casi exclusivamente hasta ese momento por cibercriminales o piratas informáticos.

Incluso en algunas ocasiones, los servicios de información occidentales han constatado que los yihadistas se han valido de los denominados “semáforos electrónicos” para transmitir órdenes: el cambio de color de una imagen o del fondo de una fotografía en una página preestablecida se ha convertido en un signo, en una señal que escondía un significado (una orden de ataque, la fecha y el lugar para una reunión) entre los terroristas involucrados en ese proceso predeterminado de comunicación interna.

 

Interrogantes en el panorama estratégico español pre y post 11M

Como tantos otros frentes abiertos en el combate contra el nuevo yihadismo, la batalla de Internet es para los servicios de información una carrera decisiva contrarreloj. A medida que las fuerzas de seguridad occidentales desarrollan y aplican con eficacia sus sistemas de contravigilancia descubriendo las debilidades y los agujeros de los yihadistas, éstos perfeccionan sus sistemas de comunicación a través de un insistente método de ensayo y error. Las valiosas aunque incompletas e insuficientes investigaciones que han derivado en España de la trama del 11M han permitido determinar las nuevas coordenadas en el área de la tecnología en la que se mueven los neosalafistas. Atila Turk, militante del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), ha detallado algunos de los novedosos subterfugios para la comunicación interna empleados por una organización que se involucró al máximo nivel en la operación “trenes de la muerte”. Hasan al Haski, uno de sus líderes, utilizaba para contactar a través de Internet un método que resulta extremadamente sigiloso y que ha sorprendido a los agentes de información: sus comunicados no se transmitían de una cuenta de correo a otra, sino que emanaban de una única dirección; los dos interlocutores utilizaban el mismo nombre de usuario y la misma contraseña (la misma puerta electrónica de acceso), dejando el terrorista/emisor sus mensajes en el apartado “borrador” y el terrorista/receptor en el apartado “grabar”, con lo que evitaban la transmisión bidireccional del mensaje.

Éste era el sistema utilizado por un terrorista que no era un elemento menor en las redes del terrorismo salafista magrebí. Las investigaciones desarrolladas por la Unidad Central de Información Exterior (UCIE), encuadrada orgánica y operativamente en la Comisaría General de Información, han determinado que tras la desarticulación parcial de la infraestructura del GICM como consecuencia de la ofensiva policial y judicial desatada tras el 11M, no sólo en operaciones completadas en España sino sobre todo en Francia y Bélgica, un elemento de la cúpula de la organización, como El Haski, estaba empezando a constituir desde un lugar seguro como las Islas Canarias y protegido por adeptos como Abdalla Bourit una nueva estructura del GICM en Europa, con la intención de hacerse con el liderazgo absoluto en el continente.

El uso concreto de Internet por parte de esta célula de marroquíes es una de las certezas que los servicios de información españoles han podido constatar en las intensivas investigaciones que tienen como fin desarticular las redes yihadistas, esencialmente de origen magrebí, implantadas clandestinamente en nuestro país. Está por determinar si, además de colmar esa función de comunicación interna, la Red ha cumplido la de movilización, inspiración, instigación y, sobre todo, la de orientación estratégica en el caso de la operación ejecutada el 11 de marzo de 2004. En otros términos: para desvelar el alcance de la trama, uno de los más determinantes interrogantes pasa por dilucidar cuándo, quién y desde dónde se dio la orden de atentar en esa fecha y no en otra, contra el objetivo seleccionado y no contra otro.

La UCIE ha manejado como hipótesis que uno de los coordinadores de la trama, concretamente el responsable de fijar las coordenadas temporales del atentado y dar su orden de ejecución podría ser el imán sirio Moutaz Almallah Dabas, detenido por la policía británica en marzo de 2005 en virtud de una orden de busca y captura internacional dictada por el juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo. Hermano de Mohannad Almallah Dabas, también detenido por su relación con los atentados de Atocha, Moutaz pudo mantener contacto con Serhane Ben Abdelmajid “El Tunecino”, Jamal Ahmidan “El Chino” y Rabei Osman al Sayed “El Egipcio” al tiempo que estaba implicado en actividades de captación de yihadistas para su protección, indoctrinamiento y posterior infiltración en Irak a través de la frontera siria.

Sin embargo, el mando y control de la operación bien podría haber tenido su origen en la propia Red. Pocos documentos elaborados y emitidos por la internacional islamista analizan con tanta exactitud y clarividencia la dinámica política, social e informativa buscada y generada por los atentados del 11M, cuyo objetivo no era sólo matar a inocentes de manera premeditada y sistemática sino alcanzar un fin político a través de una influencia desproporcionada en la opinión pública. “Iraqi Jihad, Hopes and Thoughts: Analysis of the Reality and Visions for the Future, and Actual Steps in the Path of the

Blessed Jihad” es un texto clave para comprender las dimensiones de la intención, acción y reacción desatada tras la masacre. Se trata de un documento redactado como borrador en septiembre de 2003 pero que no es publicado hasta el 8 de diciembre de 2003 en Global Islamic Media y más tarde en Al Farouq, dos de las direcciones electrónicas favoritas de los islamistas [3] .

En su conjunto, es un texto estratégico que define con nitidez y por etapas las líneas de actuación de la insurgencia iraquí para doblegar a Estados Unidos y sus aliados. Está elaborado por el “Media Committee for the Victory of the Iraqi People (Mujahidin Services Centre)” y dedicado a Yusuf al-Ayiri, ideólogo y coordinador del aparato mediático de Al Qaida al que las fuerzas de seguridad saudíes abatieron en mayo de 2003 y que dedicó los últimos meses de su vida a diseñar una estrategia de yihad defensiva aplicada a Irak desde una aproximación eminentemente pragmática y política, con escasa atención a referencias teológicas y religiosas; una aproximación que plasmó en sus últimos y más influyentes trabajos: “The Truth about the New Crusader War”, en el que justifica el 11S, y “The Future of Iraq and the Arabian Peninsula after the Fall of Baghdad”, en el que propone extender con urgencia la yihad al Gran Oriente Medio.

El autor o autores del texto siguen esta misma línea. Buscan aportar una orientación realista a una audiencia internacional de islamistas en disposición de implementar ataques susceptibles de doblegar la voluntad de los aliados y su compromiso político, económico y militar en el Irak pos-Sadam. El análisis parte de la hipótesis de que no sólo el coste político o militar de la ocupación sino sobre todo el económico hará a Estados Unidos replegar sus tropas en un movimiento equiparable al de la Unión Soviética en Afganistán. En segundo término, explicita los medios necesarios para alcanzar el objetivo, e interpreta que la presencia norteamericana no será sostenible si se limita al máximo el número de aliados. Tras profundizar en los efectos que un atentado generaría en Reino Unido, Polonia y España, el texto determina que este último es “el eslabón más débil de la cadena”.

Más allá de la propaganda y la oratoria islamista, una suerte de realpolitik en su sentido más descarnado recorre cada uno de los argumentos expuestos. Se trata de análisis complejos y multidimensionales que demuestran un altísimo grado de información y claves interpretativas profundas de política doméstica. En definitiva, la falta de consenso en política exterior y la distancia entre la posición del gobierno y la que sostiene la opinión pública en el caso de Irak situaban en la primera línea de fuego a España; y estos factores abrían dos escenarios: a) una serie de dos o tres atentados en territorio español o contra intereses españoles haría al gobierno del Partido Popular retroceder y retirar sus tropas, o b) si el gobierno no decidía ceder y ratificaba la misión militar en Irak, la victoria del principal partido de la oposición –que incluía en su programa el repliegue de la brigada Plus Ultra– estaba casi asegurada. Planteada la situación en estos términos, y a juicio de los islamistas, un paso atrás de España o Italia provocaría una reacción similar en Reino Unido y desataría un irreversible “efecto dominó”. La selección de España no era casual: ya en diciembre de 2003, fueron numerosas las web islamistas que mostraron el vídeo en el que una turba de muyahidines pisoteaba los cuerpos de los siete agentes del Centro Nacional de Inteligencia tiroteados y asesinados en Lutaifiya; esas páginas y foros yihadistas celebraban el primer golpe de envergadura a la misión española en Irak y predecían la posible salida de las tropas.

Llegados a este punto cabe preguntarse si los autores materiales o intelectuales del 11M conocían este documento o algún otro similar que, aunque no aportaba detalles operacionales, apuntaba una serie de elementos decisivos a dos niveles: el de inspiración ideológica y el de orientación estratégica. Y hay razones para pensar en una respuesta afirmativa.

En primer lugar, algunos de los autores materiales del 11M dedicaban horas cada día a la exploración de páginas islamistas y la navegación por la red por lo que con gran facilidad podrían haber tenido acceso a ese texto. De no haberlo hecho por iniciativa o acierto propio, las conexiones internacionales de elementos como Jamal Zougam eran relevantes, por lo que yihadistas de terceros países podrían haber recomendado su lectura a la célula española.

En segundo lugar, el encapuchado que aparece en el video del 13 de marzo se presenta con el inusual pero probablemente estudiado alias de “Abu Dujan Al Afghani”, en realidad, uno de los más combativos guerreros en la época inicial de expansión del Islam y al que se menciona explícitamente en la página 2 de “Iraqi Jihad, Hopes and Thoughts”. Las conclusiones preliminares de la investigación desarrollada por la UCIE apuntan que, a pesar de que la verdadera identidad de este portavoz militar de Al Qaida en Europa no está definitivamente establecida, puede tratarse de Yousef Beldhaj, detenido en Bruselas el 1 de febrero de 2005 y extraditado a nuestro país en abril de 2005 por su presunta relación con el atentado. De nacionalidad marroquí, Belhadj nació en Touzine en 1976 y residía en Bélgica, donde ya había sido detenido en marzo de 2004 como presunto miembro de una célula del GICM, antes de quedar en libertad condicional. Es tío de Mohamed Moussaten, también en prisión por su relación con el 11M. En su declaración ante el juez Del Olmo, Belhadj negó ser miembro del GICM y su participación en los atentados de Madrid, además de asegurar que nunca había oído el alias “Abu Dujan Al Afghani”. Añadió que jamás había incentivado a nadie para viajar a Afganistán, que se limitaba a seguir las noticias en las cadenas árabes Al Yazira y Al

Arabiya en las que aparecían imágenes de occidentales degollados o atentados islamistas y que de los imputados por el 11M sólo conocía a Mohamed Afallah y Abdelmajid Bouchar, ambos huidos de Leganés. Con anterioridad a la detención de Yousef Belhadj, desde la propia UCIE se había determinado que Al Afghani no habría formado parte de la “mano de obra” de la operación sino que los ejecutores habían reivindicado el atentado en su nombre, y que bajo esa identidad se podía esconder Amer el Azizi “Otman el Andalusí”, Rabei Osman “El Egipcio” o Mustafá Setmarian Nasar “Abu Musa al Suri”; en definitiva, se trataría de un elemento que habría desempeñado la función de motor ideológico de la célula y catalizador del proyecto final. Habida cuenta de que Al Afghani era un alias desconocido para todos los servicios de información europeos que desarrollan investigaciones sobre las redes del terrorismo yihadista, la Comisaría General de Información no descartó que fuese el “nombre de guerra” de un muyahidín muerto en Afganistán, Bosnia o Chechenia al que la célula que operó en España pretendía rendirle tributo.

En tercer lugar, hay que considerar que los siete terroristas suicidas de Leganés almacenaban en el disco duro del ordenador que se localizó en el piso franco numerosos documentos que habían sido descargados de la misma página electrónica, perteneciente al entorno de Abu Musab Al Zarqawi, en la que se había “colgado” y debatido el análisis que aconsejaba, justificaba y racionalizaba un atentado preelectoral en España del que un segmento de la sociedad haría corresponsable, de forma insólita y dando satisfacción a las tesis y las metas de los terroristas, a un gobierno democráticamente elegido. En ese disco duro, reconstruido en Londres tras haber quedado prácticamente desintegrado como consecuencia del atentado suicida, se localizaron fatuas en las que se defendía el uso de armamento de destrucción masiva, una guía para fabricar dinamita casera, consejos para camuflar bombas en mochilas y bolsas de viaje, fatuas que arremeten contra los musulmanes que defienden la convivencia con cristianos y judíos, textos anónimos de exaltación yihadista para la movilización y captación de potenciales terroristas, imágenes del asesinato de los siete agentes del Centro Nacional de Inteligencia en Irak y documentos en los que se marcan los pasos a seguir para formar, gestionar una célula y hacerla operativa a través de tres factores esenciales: la formación religiosa, de seguridad y militar.

El ejemplo de “Iraqi Yihad” y otros documentos similares que circulan por centenares de páginas islamistas simboliza nítidamente el potencial de Internet en distintos vectores: no sólo como herramienta que facilita la colaboración y refuerza la identidad de decenas de yihadistas que operan en células locales implantadas a escala global sino como eje central en la instigación para la ejecución de atentados de destrucción en masa. Los servicios de información occidentales deberán redoblar sus capacidades para atajar la amenaza que representan grupúsculos y activistas neosalafistas solitarios, que disponen de sus propios medios y prometen comportamientos impredecibles.

 

Destrucción masiva y propaganda: las armas de la yihad para cambiar gobiernos

El nuevo terrorismo islamista inspirado e instigado por Al Qaida demostró el 11 de marzo de 2004 y los días posteriores que a pesar de regirse por nuevos patrones de planificación, ejecución y control de operaciones de destrucción en masa, sus actos de violencia mantienen una relación de dependencia hacia los medios de comunicación similar desde un punto de vista estructural a la que tradicionalmente ha guiado a los grupos terroristas de “tercera oleada”.

Esa relación se puede considerar casi parasitaria en la crisis del 11M en la medida en que el objetivo declarado por los terroristas a priori y ratificado a posteriori (derribar uno de los pilares de la coalición internacional levantada y liderada por Estados Unidos) sólo podía ser alcanzado a través de una reivindicación rápida y directa, eficaz y sustancialmente creíble; a través de una instrumentalización de los medios de comunicación orientada a que la opinión pública española interpretase el significado y las causas del atentado de la manera más acelerada, simple, desfigurada e interesada posible: los hechos eran consecuencia inmediata de la implicación de España en la “Operación Libertad Iraquí” y de su alianza preferente en la “guerra contra el terror” con Estados Unidos y Reino Unido, blancos privilegiados de Al Qaida.

En los actos de comunicación fundamentales y posteriores a los atentados, los terroristas recurrieron a la clásica concatenación de reivindicación de autoría y propagación de nuevas amenazas. La crisis puso de manifiesto una de las dinámicas clásicas que suceden a los atentados más espectaculares: un gobierno democráticamente elegido se muestra extraordinariamente alerta para evitar que los terroristas conviertan los medios en una plataforma de sus demandas y, de forma paralela y simultánea, los medios se muestran extraordinariamente alertas para mantener su independencia y fidelidad a una noticia de primera magnitud sin servir a ningún tipo de intereses, tampoco los del poder político. Terroristas y autoridades explotaron las posibilidades y funciones de los medios de comunicación de un modo muy opuesto. Los primeros intentaron y consiguieron desgastar la fe de los ciudadanos en la estrategia antiterrorista de su gobierno provocando una hipersensibilización y sobrerreacción civil, contaminando de forma inédita un proceso electoral. Las segundas procuraron buscar la comprensión, la cooperación y las cautelas de los medios para limitar las consecuencias de los atentados.

Conscientes de que el conocimiento inmediato de la autoría era un objetivo prioritario para conseguir su fin último (torcer o quebrar la voluntad política y cívica de la ciudadanía hasta cambiar el gobierno), doce horas después de los atentados la internacional islamista buscó la reivindicación rompiendo por imperativo táctico una de las reglas aplicadas hasta esa fecha por el aparato de comunicación de Al Qaida y las sucursales del terror a ella conectadas: el movimiento yihadista transnacional no se atribuía sistemáticamente sus atentados o, como segunda opción, lo hacía en el medio y el largo plazo.

Esa primera reivindicación consiguió en última instancia difusión global: abrir, amplificar o consolidar la pista islamista, según los análisis. Al margen de que los autores del primer comunicado enviado al diario Al Quds Al Arabi conociesen con mayor o menor fundamento la más que probable implicación de ETA en el atentado, la opinión pública española sí estaba al corriente, y el gobierno así lo hizo saber de manera oficial y abierta, en virtud de que la banda terrorista: 1) se había marcado como objetivo irrumpir y distorsionar la campaña electoral, 2) podría haber utilizado un modus operandi similar al proyectado el 24 de diciembre de 2003 con la intención de atentar en el tren

Madrid-Irún mediante la colocación de varias maletas bomba, 3) había intentado diseminar una docena de mochilas bomba en la estación invernal de Baqueira Beret en diciembre de 2003 y sólo desistió tras cerciorarse de las fuertes medidas de vigilancia en la zona, 4) había visto cómo dos de sus terroristas eran detenidos el 29 de febrero de 2004 cuando trasladaban a Madrid una furgoneta con 536 kilos de explosivo y varios planos en los que aparecía el corredor del Henares, 5) había comunicado a través de su boletín interno “Zutabe” que las redes de transporte del Estado español eran objetivo prioritario de su campaña, y 6) podría buscar un salto cualitativo en la letalidad y la indiscriminación de sus atentados sin aviso previo en una fase no terminal pero sí de franca decadencia [4] .

Mediante la primera vía utilizada para la reivindicación, los promotores y autores de la ola de atentados consiguieron reforzar la credibilidad de su acción, potenciar su huella. El diario Al Quds Al Arabi, en lengua árabe, editado en Londres y dirigido por Abdel Barri Atwan (acusado por Washington y Tel Aviv de presentar sin ambages una línea editorial pro-Bin Laden) es una publicación de referencia para investigadores y agencias de información occidentales y árabes por sus excelentes contactos y fuentes de información primarias en materia de terrorismo islamista. No extraña el uso del correo electrónico para remitir el comunicado, habida cuenta de la familiarización de los operativos de Al Qaida con las nuevas tecnologías de la información y su dominio del ciberespacio como herramienta de terror pasivo. Tampoco que el e-mail sea enviado desde un terminal de origen desconocido y usando una dirección anónima, dado el avanzado conocimiento que los yihadistas tienen de los últimos métodos de criptografía, poderosas herramientas de “hackeo” o modernas técnicas de esteganografía.

El contenido de esta primera reivindicación, que buscaba los canales internacionales para conseguir mayor visibilidad, incluía deliberadamente referencias religiosas introductorias que responden a suras que se utilizan de forma común por elementos de la Yihad Internacional para justificar los actos de violencia contra los enemigos del Islam. En concreto, se trata de la 16:126 (“cuando los castigues, hazlo de la misma manera que ellos lo hicieron”), la 2:191 (“mátalos donde los encuentres, y sácalos de donde ellos te han sacado”) y la 2:194 (“a quien te ataque, atácale del mismo modo que él lo ha hecho, confía en Alá y sé consciente de que Alá está del lado de aquellos que confían en él”). La segunda de ellas incluye una referencia explícita a España, al recomendar la expulsión de los infieles de los lugares de los que ellos expulsaron a los musulmanes previamente. Pero además, la redacción del comunicado en su conjunto presentaba referencias imprecisas a los atentados de Estambul, órdenes crípticas de actuación contra Yemen, una referencia indocumentada a los asesinatos de ulemas sunitas en Irak y una amenaza a Estados Unidos bajo el supuesto de la operación “el golpe de vientos de la muerte negra”, en fase avanzada de planificación.

El comunicado contenía las clásicas referencias movilizadoras a Afganistán, Palestina y Cachemira manejadas por la oratoria neosalafista, presentaba la misma estructura y transcribía literalmente frases completas de anteriores reivindicaciones de las brigadas “Abu Hafs Al Masri”. Sin embargo, el uso lingüístico, los conceptos manejados y su estilo eran heterodoxos. No era frecuente hasta ese momento que el movimiento yihadista globalizado titulara sus comunicados (“Operación trenes de la muerte”, en este caso) ni tampoco que usase términos como “agente” –propio de la ideología nacionalista y panarabista– y no “infiel”. Sobre el papel, ese comunicado lo podría haber redactado algún elemento vinculado a la internacional islamista con material de anteriores textos falsos y sin contrastar pero que demostraba, no obstante, un aceptable conocimiento de las fuentes en las que se fundamenta el islamismo radical [5] .

Independientemente de la existencia real, la configuración o el grado de vinculación o integración de las brigadas “Abu Hafs Al Masri” en la estructura postalibán de Al Qaida, los terroristas y sus colaboradores consiguieron lo que pretendían: una difusión instantánea y mundial. Las agencias Reuters, France Presse, United Press International o Associated Press emitieron de manera automática esa primera reivindicación íntegra, que pasó a convertirse en noticia de portada en las cadenas por satélite CNN y BBC. Los poderes ejecutivos y los expertos de la lucha antiterrorista de Estados Unidos, Reino Unido, Francia e Israel dirigieron sus miradas y sus investigaciones, entonces con mayor énfasis, al terrorismo islamista. Por descontado, lo propio hizo un importante segmento de la opinión pública española que, hasta ese momento y habida cuenta de la versión oficial y los justificados precedentes etarras, había minimizado o desechado de forma lógica la “pista árabe”.

El segundo comunicado emitido entre el 11 y el 14 de marzo también estuvo estratégicamente difundido en el tiempo. En jornada de reflexión, la propia célula ejecutora del atentado tuvo capacidad suficiente para hacer un análisis sociológico motivado por causas opuestas y distantes pero similar al del principal partido de oposición que concurría a las urnas. A pesar de que el 12 de marzo la propia ETA se había desvinculado de la matanza a través de dos llamadas telefónicas a la televisión pública vasca y el diario Gara, los autores materiales de la masacre estimaron que la información presuntamente tendenciosa o parcial que ofrecía el gobierno desde las primeras comparecencias tras los ataques podría acabar ocultando, postergando o minimizando las huellas que conducían a la autoría islamista, algo que habría dado al traste con el objetivo principal de los neosalafistas: seleccionar tácticamente no sólo la ubicación espacial del atentado sino muy especialmente la temporal para convertir el calendario en un instrumento adicional y potenciador de un terror políticamente calculado [6] .

La puesta en escena de la grabación, cuyo destinatario original era Telemadrid, respondió a los cánones más ortodoxos de la escenografía yihadista: un individuo con gorro, gafas oscuras y una túnica blanca propia de los musulmanes que se consideran preparados para el martirio, con acento marroquí, leía un comunicado mientras sostenía un subfusil Sterling, ante un esquemático decorado rematado con una bandera verde con inscripción en árabe en la que se podía leer “No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta”, la fórmula prescrita para la conversión al Islam. El contenido del mensaje tampoco sorprendía: el atentado de Madrid es una respuesta a la colaboración del gobierno de España con la Administración Bush y su implicación en las campañas militares de Irak y Afganistán. Lo que volvía a ser inhabitual era que los propios autores materiales grabasen el material y lo hiciesen público 48 horas después de la masacre.

A pesar de que Al Qaida se atribuye los ataques pasados varios días o semanas y siempre a través de operativos no implicados en la ejecución de los planes, la célula liderada por Serhane Ben Abdelmajid “El Tunecino” privilegió y forzó esa segunda reclamación doméstica por su vocación prioritaria de llegar a la opinión pública española, asumiendo el riesgo que implicaba facilitar pistas a las fuerzas antiterroristas, como la fecha de grabación del vídeo o el establecimiento de compra. Tampoco era corriente que operativos ligados directa o indirectamente a la organización fundada por Bin Laden firmasen sus acciones con el sello “Al Qaida”, cosa que ocurre al final de la grabación. Llevando el simbolismo al extremo, el propio lugar escogido para depositar la cinta, a medio camino entre una mezquita y un tanatorio, podía ser interpretado como una reivindicación islamista en sí misma.

En definitiva, el contenido y las formas de los comunicados presentaban serias peculiaridades y anomalías y sólo entraban parcialmente en los cauces de la reivindicación y la amenaza manejados por el aparato de propaganda de la internacional salafista. Los redactores de los dos mensajes conocidos el 11 de marzo (en formato electrónico y con clara vocación internacional) y el 13 de marzo (en formato audiovisual y con vocación nacional) citaban como fuente de conocimiento las shuras clásicas de la nomenclatura salafista, takfirista y wahabista. El sentido árabe del tiempo, siempre presente, conectaba las menciones históricas de Al Andalus y las referencias de actualidad a Irak y Afganistán como integrantes de una misma, indivisible, coherente y humillante realidad: el Islam es víctima de una guerra de agresión promovida por Judíos y Cruzados, y la yihad es el único medio sancionado por el Corán para la autodefensa.

Tres comunicados posteriores confirmaron las tendencias en el fondo y la forma de los mensajes difundidos entre el 11y el 14 de marzo. El primero volvía a colocar en las portadas a las brigadas ‘Abu Hafs Al Masri’: el 17 de marzo envíaban un fax de dos folios y medio escritos en árabe al diario de

Londres Al Hayat en el que manifestaban su disposición a detener las operaciones terroristas en territorio español contra objetivos civiles hasta conocer la orientación del nuevo gobierno y se felicitaban por haber destruido con el atentado uno de los pilares de la coalición pilotada por Estados Unidos. El segundo era un manuscrito fechado el 3 de abril de 2004 remitido por fax a la sede del diario ABC, firmado por las “Brigadas Al Mufti”, representantes de Ansar Al Qaida en Europa, que amenazaban directamente al nuevo ejecutivo por su anunciada intención de reforzar el contingente militar que ayudaba a la reconstrucción política de Afganistán. El tercero era un video de producción doméstica localizado por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado en el piso franco de Leganés tras la acción suicida de siete terroristas.

El texto enviado a ABC estaba escrito por Serhane “El Tunecino” pero era remitido por una persona distinta. Volvía a estar firmado por Ansar al Qaida en Europa, como ocurre con el video del 13 de marzo, y tanto el lenguaje como el estilo eran muy semejantes. El comunicado daba un plazo de 24 horas al nuevo gobierno para retirar las tropas de Afganistán e Irak, exigía el compromiso de no volver a esos países y de cesar en el apoyo a Estados Unidos y sus aliados, y colocaba al ejecutivo entrante en la diana por su intención manifestada públicamente de enviar nuevos efectivos militares a Kabul.

En el video encontrado entre los escombros de Leganés aparecían tres hombres con atuendos árabes de camuflaje con cartuchos de explosivos alrededor de su cintura empuñando dos ametralladoras Sterling (una de las cuales se utiliza en la grabación del 13 de marzo) y una Cz-Ceska. Uno de los terroristas amenaza con proseguir la yihad hasta el martirio y recupera las referencias a las Cruzadas, la Inquisición, Al Andalus y Tarek Ben Ziyad, gobernador de Tánger de origen bereber que venció a Don Rodrigo en 711 en la batalla de Guadalete.

El nuevo yihadismo, en definitiva, reclama la autoría de los atentados con una frecuencia mucho menor a la que acostumbran los grupos terroristas etnonacionalistas de tercera oleada, algo que ratifican los atentados más espectaculares fraguados en la década de los noventa, nunca reivindicados o no de manera veraz. Sin embargo, la necesidad de condicionar al máximo la voluntad y la conducta de la opinión pública española, susceptible de ser víctima de la alienación en un contexto de fuerte tensión emocional y política, hizo que los terroristas variasen su patrón de reivindicaciones; incluso, a pesar de que el atentado llevaba sustancialmente el copyright Al Qaida: detonaciones múltiples, simultáneas o sincronizadas, áreas densamente pobladas, objetivos civiles y explosivos de gran potencia.

Conocedores de la imposibilidad de las autoridades de los Estados democráticos de derecho para imponer restricciones legales o trabas a la información sobre atentados, ideólogos, cómplices, autores materiales y todos aquellos implicados directamente en la reivindicaciones estimaron muy acertadamente que la difusión y lectura de su atentado se convertirá en su principal fuente de poder político para cumplir su propósito: influir en una audiencia (la sociedad española) y redirigir su comportamiento hacia sus intereses (el cambio del signo del voto o la movilización de abstencionistas e indecisos) en 72 horas de conmoción civil extrema.

Los terroristas alcanzaron así su objetivo a corto plazo, como era la retirada de las tropas españolas de Irak, a través de una de las hipótesis apuntadas con insistencia y fervor por el aparato de comunicación del movimiento yihadista globalizado: el cambio de gobierno. Completaron, de acuerdo con sus tesis, los elementos propagandísticos propios de todo acto terrorista: manipulando su imagen, legitimando y racionalizando el atentado, y demonizando la estrategia de su enemigo –un gobierno impío y cruzado–, al que presentaron como inmoral e inhumano en sus acciones. También el componente de guerra psicológica se vio culminado por la instigación del miedo y la generación de un clima de inseguridad a través de una estrategia de desinformación y amplificación de riesgos y amenazas que aún hoy perdura.

Por si quedaban dudas, el carácter eminentemente político del 11M quedó revelado en un documento intervenido en el ordenador de Jamal Ahmidan “El Chino” y firmado por las brigadas “Abu Hafs al Masri” el 15 de marzo de 2004. En el texto, los terroristas afirman que habían mostrado especial interés y urgencia en hacer trascender las horas previas a las elecciones que la autoría de la operación era islamista porque ésa era la única forma de poner fin al gobierno de Aznar. Los yihadistas se presentan además como parte del orden mundial, rechazan su condición de agentes pasivos en la Sociedad Internacional y se arrogan la capacidad de cambiar Estados después de haberse convertido por primera vez en la Historia en fuerza decisiva para la elección de un gobierno en Occidente.

La retórica y los hechos del movimiento yihadista globalizado prueban que la amenaza que ha relevado a la vieja Al Qaida es la de un entramado compuesto de distintos niveles siempre basculantes en el que confluyen desde líderes ideológicos a operativos de campo, técnicos que completan tareas de logística, especialistas en financiación, segmentos de la población simpatizantes de la yihad o emires que dotan de contenido religioso a las acciones. Precisamente el poder de las redes del terrorismo islamista deriva de la interacción y la dinámica de comunicación enriquecedora, espontánea y perfectamente lubricada de los distintos componentes de un sistema diseñado para acabar con la libertad de las sociedades abiertas y multiculturales.



[1] G. Weinmann, “How Modern Terrorism Uses the Internet”, en USIP Special Report, 116 (2004), pág. 3.

[2] M. Torres, Terrorismo y propaganda en Al Qaeda, Granada, Universidad de Granada, 2004, pág. 76.

[3] Una interpretación del texto en: R. Paz, “A Message to the Spanish People: The Neglected Threat by Qa’idat al-Jihad”, en PRISM Series of Special Dispatches on Global Jihad, 2 (2004). De los investigadores noruegos que capturan y traducen el documento en la Red y comunican su contenido tras el 11M a las autoridades españolas: L. Brynjar y T. Heggmammer, “Jihadi Strategic Studies: The Alleged Al Qaida Policy Study Preceding the Madrid Bombings”, en Studies in Conflict & Terrorism, 5 (2004), págs. 355-376.

[4] Éstas son las líneas fuerza del análisis del Centro Nacional de Inteligencia en su Nota Informativa titulada Atentados terroristas en Madrid, redactada con carácter urgente la mañana del 11 de marzo de 2004.

[5] En la misma línea de estas deducciones apunta la Nota Informativa redactada por el Centro Nacional de Inteligencia el 12 de marzo de 2004 bajo el título Valoración del presunto comunicado de Al Qaida reivindicando el atentado de Madrid.

[6] J. Noya, “Del 11-M al 14-M: estrategia yihadista, elecciones generales y opinión pública”, en Análisis del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos, 131 (2004)