Las ideas, su política y su
historia
Populismo y nacionalismo
Guy Hermet [*] | CERI (Francia)
En las condenas que caen sobre ellos, populismo y nacionalismo se mezclan
hasta confundirse. Son el producto de las mismas desventuras del lenguaje
y de las pasiones humanas, los mismos vergonzosos derivados de términos
nobles -el pueblo y la nación- revestidos de un valor todavía
positivo en lo que concierne al primero, y apenas manchado ahora de alguna
sospecha en lo que se refiere al segundo. Además, por encima del
vocabulario, uno y otro proceden sobre todo de la genealogía indisociable
de sus significaciones primeras. A partir de finales del siglo XVIII, la
nación y el pueblo han sido sinónimos para los fundadores
de los regímenes representativos de los que han surgido las actuales
democracias, y lo siguen siendo en la medida en que las dos nociones modernas
de nacionalidad y de ciudadanía se vinculan al principio de soberanía
popular. De ahí se sigue igualmente que el oprobio que pesa tanto
sobre el populismo como sobre el nacionalismo se justifica respecto de las
mismas manipulaciones del discurso político, incluso cuando ellas
son de signo opuesto; las primeras, en efecto, apelan a una identidad nacional-popular
ridiculizada por los profesionales de la democracia. Las segundas, al atribuir
el pecado de populismo a cualquiera que ponga en duda la necesidad de reservar
el monopolio del poder a esos mismos profesionales, en nombre del principio
que dice que el pueblo, incapaz de gobernarse así mismo, no puede
hacerlo sino a través de sus representantes elegidos y reelegidos
hasta su último aliento.
[*] Director de investigación en la Fundación Nacional de Ciencias Políticas (CERI: Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales), autor de Histoire des nations et du nationalisme en Europe (París, Seuil, 1996, Col. Points).