Mapas: exposición cartográfica para el 9º European Congress of Mathematics

El punto de encuentro entre la matemática y el público general -es decir, todos nosotros- es un asunto sujeto desde antiguo a opiniones contrapuestas. El matemático considera que “todo son matemáticas”, desde la línea del horizonte al trayecto de la Luna por el firmamento, desde la forma de una taza de café a un flotador en una piscina, desde la silueta de una ola que rompe en la playa a la falla que deja un terremoto en el terreno. Por otra parte, entre el público general lo más común es mirar la actividad del matemático con desconcierto e incomprensión. Hay quienes ven con reparo la invasión de lo cotidiano por cifras y porcentajes; otros sobrellevan con disgusto la prepotencia de las tasas de éxito y de los ritmos de crecimiento; llegando a quienes recelan de la omnipresencia de los algoritmos. (Ambos, el matemático y el público, tienen razón.)

Aún así, en el discutido punto de encuentro entre la matemática y el público general hay vida: un tema de mutuo y compartido interés, apreciado por ambos, con emoción y hasta cariño: los mapas.

Los mapas, dibujados o mentales, son una de las formas más primarias de presentar de forma inteligible el conocimiento acumulado sobre lo que nos rodea. Frente a enumeraciones desordenadas o listas secuenciales y rígidas, el saber que se acumula y despliega en un mapa permite entender una multitud de hechos y atender las más variadas empresas, dando pie a explicaciones cuya mera enunciación sería confusa o tediosa. Los mapas son gemas de la concisión. Es por ello por lo que encontramos mapas desde los mismos albores de la humanidad y en todas las civilizaciones.

Para el matemático el mapa remite a un problema teórico de primera magnitud: la posibilidad de “trasladar” un objeto en otro, y los efectos de tal traslación. Si tomamos como objeto inicial el globo terrestre y como objeto final una superficie plana, digamos un papel o un pergamino, estamos hablando del problema del trazado de mapas del mundo. De las proyecciones cartográficas, que diría el matemático.

Los mapas, como todo hecho cultural, están sujetos al curso del tiempo. Nacen de una visión del mundo y, de algún modo, dan cuenta de la sociedad que los traza. Se nutren de la identidad cultural de quienes los elaboran y hablan de cómo ven el “mundo exterior”. Es por ello por lo que mirar mapas de tiempos distintos es un estimulante ejercicio cultural.

La exposición sobre mapas de la que tratamos es modesta en sus intenciones. No busca hacer un recorrido por la historia de la cartografía, ni pretende ilustrar el desarrollo científico de las proyecciones cartográficas. Es una exposición oportunista, en un doble sentido. Por una parte, se apoya en un hecho notable de carácter científico: la celebración en Sevilla del 9º Congreso Europeo de Matemáticas, que cada cuatro años acoge una ciudad europea. Por otra, saca partido de la riqueza en bibliotecas y archivos de la ciudad de Sevilla. Sobre estos dos puntales, dirige la mirada al punto de encuentro entre la matemática y el público general, mostrando una colección seleccionada de mapas y libros con mapas del periodo que va desde el final de la Edad Media y comienzos del Renacimiento en el siglo XV hasta la Ilustración en el siglo XVIII.

Tres importantes instituciones de Sevilla atesoran, aparte de multitud de otras joyas archivísticas, fondos de primer nivel mundial en mapas y libros con mapas editados entre los siglos XV a XVIII. A saber: el Archivo General de Indias, la Biblioteca Capitular Colombina de la Catedral de Sevilla, y el fondo antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla. Esta riqueza bibliográfica y archivística no es casual, sino fruto de la circunstancia más relevante en la extensa historia de la ciudad: haber sido el principal puerto europeo para América durante dos siglos. La conjunción de los fondos de estas tres instituciones permite seleccionar una colección singular de obras en torno a los mapas.

Hagamos un breve recorrido, a vista de pájaro, de la exposición. Es modesta también en su magnitud: hay veintinueve obras. De ellas, siete son incunables, doce se publicaron en el siglo XVI y los diez restantes en los siglos XVII y XVIII. En cuanto a tipología, dieciocho son mapas en libros, nueve son mapas y dos son libros sin más.

La exposición consta de cinco episodios, presentados en quince vitrinas, y una coda final.

El primer episodio, “Mapas antiguos y medievales”, se abre con tres libros, de 1483, 1499 y 1500, con mapas en los que el espacio físico se representa de forma esquemática y simbólica, sin pretensión de reflejar de forma ajustada la realidad física ni atender a finalidad práctica alguna. El mapa del Infierno de la Divina Comedia de Dante añade profundidad y un toque de realidad al conjunto. El remate son dos isolarios, con representaciones estilizadas de islas, tanto reales como imaginarias.

El segundo episodio, “Ptolomeo y el Renacimiento”, refleja el impacto que tuvo en Occidente la Geographia de Ptolomeo. Se exponen las ediciones de Roma de 1508 y de Venecia de 1511, acompañadas de mapas de Centroeuropa, España y del mundo al completo (éste en Margarita philosophica, la primera enciclopedia impresa).

El tercer episodio, “Mapamundis y atlas”, muestra el desarrollo de la cartografía en los siglos XVI y XVII, en busca de aplicaciones prácticas, especialmente en la navegación, y científicas. Destaca el trabajo de los grandes cartógrafos flamencos del periodo: Gerardus Mercator, quien renueva la cartografía y la asienta sobre nuevas bases científicas, y Abraham Ortelius, que publica Theatrum Orbis Terrarum, el primer atlas moderno, que tuvo un inmenso impacto editorial en la época. El desarrollo de la cartografía impulsó un pujante mercado comercial, donde destaca, entre otros, el trabajo de Joan Blaueu, quien publicó la más lujosa obra cartográfica en muchos años, el Atlas Maior.

Siendo “América” el episodio final, es de rigor esbozar al menos un relato sucinto del viaje al Nuevo Mundo. Ello se dedica el cuarto episodio, “La ida y la vuelta de Colón”. Se presentan dos joyas bibliográficas: el original del libro Historia rerum, escrito por el Papa Pío II, propiedad de Cristóbal Colón, que incluye un cuadernillo final con copia manuscrita de una carta del cartógrafo florentino Paolo Toscanelli donde hay indicaciones sobre cómo llegar a “las Indias” navegando hacia el Oeste. Es un ejemplar obviamente único. La otra obra singular es la Lettera delle isole nuovamente trovate, versión impresa de la carta que Colón escribió a su regreso a España, en marzo de 1493, explicando a los Reyes Católicos su viaje. La carta la tradujo en verso al italiano el obispo Giuliano Dati en junio de 1493. Impresa en Roma, circuló ampliamente por Europa anunciando el descubrimiento.

El último episodio es “América”. La cuidadosa administración del inmenso imperio colonial registró y documentó detalladamente sus actos, a la vez que recibía informes, solicitudes y quejas. Muchos de esos expedientes incluían mapas, esquemas y dibujos, que se guardan en el Archivo General de Indias. Se exponen siete de ellos, dibujados entre 1544 y 1712.

Se concluye con un final a la vez teatral y matemático, “La proyección de Mercator”. Se presenta una maqueta construida exprofeso para mostrar visualmente el método ideado en el siglo XVI por Gerardus Mercator para trazar mapas, asociando a cada punto de la Tierra un punto determinado en un plano imaginario que la rodea. Es el único elemento de la exposición en que lo científico predomina sobre lo cultural.

Como colofón de esta presentación es de resaltar una intención adicional de la exposición. De las obras escogidas solo se exhiben ejemplares originales, sin apoyo digital (por ejemplo, ampliación de detalles o imágenes de ediciones alternativas). A la contra de los tiempos y frente a la apabullante presencia de lo efímero y lo automático (desde la manipulación de imágenes digitales hasta la generación informática de textos) se busca en esta exposición realzar el valor único e imperecedero de “lo original”, resaltando los beneficios de mirar despacio y con detalle, para así ver más.

La exposición cuenta con el apoyo de la Fundación Cajasol, el 9ECM, la Universidad de Sevilla, la FECYT, el Archivo General de Indias, la Biblioteca Capitular Colombina de la Catedral de Sevilla, el Museo de Bellas Artes de Sevilla, la Real Academia de Ciencias de Sevilla. El comisario de la exposición ha sido Guillermo Curbera Costello.

Lugar: Sala Vanguardia de la sede de la Fundación Cajasol en Sevilla (entrada por la calle Álvarez Quintero).

Periodo: del jueves 27 de junio al sábado 20 de julio de 2024.

Horario: de 11 a 2 y de 6 a 9, de lunes a sábado.

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