TE LO VOY A EXPLICAR DE UNA VEZ Y PARA SIEMPRE
nada vuelve, nada se repite, porque todo es real
A. Caeiro
Te lo voy a explicar de una vez y para siempre.
Por fin voy a atreverme –y será la última– a decirte lo que soy,
Quién o cómo soy, amiga mía.
No me tengo por un hombre de costumbre.
Amo o me desecho porque algo en mí suele clamar alto,
Una especie de temblor, de sacudida,
Ese verte, de repente, entregado a cualquier obra o ser que
Te conmueve,
Que busca darte vida, como al preso
La luz tras su condena.
No podría hablar de mecanismos.
Para eso hay otros tantos que saben, sin dudarlo,
De las horas o los días como si de verdad la inmortalidad
Fuese cierta,
Como si fuera, nuestra vida, algo acaso más importante
Que la libertad inherente a cada uno,
El hecho de hacer o de vengar las decisiones castradas
Por una rutina sin presente.
Yo amo lo que algunos no quieren nombrar siquiera
Y aborrezco sentirme rodeado de homicidas.
Aquello, ser o sombra, que tiende indefectible a prolongarse,
A hacerse ver, al tiempo, lo mismo corregido o aumentado:
Crecer o madurar, ¿es esa la manera,
El único motor frente a la Nada?
Me niego, y te lo dije, a crecer como una especie
De principio que piensa para sí que es interludio.
Las canas mienten mucho, créeme.
La edad quizá sea un grado, sí. Con todo, huye
–Yo lo hago–
De aquellos que aún insisten en amanecer a hora,
En llegar, vacío y limpio, responsable, pisada tras pisada,
Hasta las puertas del infierno o la oficina.
Quienes caminan de vuelta –como el preso del principio– hacia sus casas,
Y entienden que era esa, aquella decisión, pasada ya,
Cualquier resolución irrevocable.
–La muerte disfrazada de factura,
De hijos que llegaron sin decir ya vengo
Y que ahora, hoy, te saludan y te llaman de papá
Como a un suicida–.
Yo, lo digo alto, soy todo lo contrario a lo que expongo
Y busco, en cada uno de mis actos, tu voz o tus principios.
¿Suena extraño? ¿Crees que es de locos bendecir un nombre
Como quien acude al templo en busca de un milagro,
De una voz, la voz, que le susurre
No estás equivocado como piensas?
Soy hombre y te bendigo de la misma manera en que extraño
Tu bondad o tus defectos.
Por eso, quizá, me haya dado por explicarme ahora,
Tarde pero lleno de una soledad sin compromiso.
¿Será que es necesario derramarse, afilar el desamparo
Lejos, ya, de cualquier temor al abandono?
