CENIZAS
Baila frente a la hoguera.
Mira las llamas. Contempla cómo oscila
ese ligero toque de azul justo en el centro.
Y salta sobre ellas, aunque después te sientas
un trozo de metal que ha blanqueado el fuego.
Ahora que ves arder toda promesa,
que prenden tuétanos, sílabas
encima de los cuerpos que has gozado,
de las nucas mordidas y el olvido,
mejor este dolor que aquel desgarro:
esa búsqueda torpe de fronteras
donde juntar amor con soledad.
Nunca huyas del fuego,
porque donde no existe estás de sobra.
Atrévete a pisar en ambos lados,
en su cara de luz, también en su tiniebla.
Deja tu huella con el peso exacto
abierta en cada una de las orillas rojas.
Sé ángel, sé demonio,
hielo y ascua, pira o destello:
cualquiera de los muchos matices de la llama.
Y cae después como ceniza fértil
sobre tu propia tierra calcinada.
