Erika Martínez

MUJER MIRANDO A HOMBRE QUE LIMPIA COCHE

Mujer en restaurante que no puede permitirse mira a hombre
que limpia coche. Mujer con ojo derecho más grande, ojo
que divaga y mira a través del cristal con cuello alto. Tres
colegas en la mesa y uno de ellos la envía a comprobar el
punto de la carne. Vagina es túnel que comunica cocina y
hombre. Anda, ve, tú sabes.

Hombre que limpia coche limpia coche. Es tan caro que no le
pertenece. Y se agacha junto al guardabarros con su trapo,
y se estira de puntillas sobre el capó, y desaparece hasta
la cintura mientras sacude los asientos. Muestra posturas
sucesivas y también superpuestas, como una de esas
placas fotográficas de Muybridge con atletas primitivos
y caballos.

Mi abuelo fue cochero y después dueño de restaurante, ¿yo qué
soy? Hombre que limpia coche mira a mujer en restaurante
que no puede permitirse y le devuelve el escaparate. Una
energía insolente resucita crustáceos y moluscos sobre el
plato.

No se rompe un cristal poco a poco. No hay en su afuera hueco,
ranura, agujerito donde hincar herramienta última. Hay
que romper cristal de pronto. O romperlo de la nada,
como ese vaso que alguien golpeó pensando-pensando
contra el fregadero y, minutos después, pedacea sobre la
mesa.

Publicado en el número 1 de la revista