José María Jurado

HOJAS DE ALMANAQUE

AB URBE CONDITA

¡Eléctrica Roma! Es púrpura la noche de los cónsules cuando cien mil arcos voltaicos te iluminan y los foros y calles resplandecen. Esta mañana hemos subido al monte Palatino para hacer sacrificios a los dioses inmortales, para ungir los corderos con coronas de rosas y avistar el Triunfo de los reactores, las legiones aéreas del Senado y del Pueblo. Una nube de amianto ciñe la cúspide de las Siete Colinas como una clámide tóxica, pero los colosos de mármol ensartan la bruma y rozan los sagrados talones de Júpiter Stator, la perfección de la industria pesada. Oh Roma, a la luz prodigiosa del plasma fenicio estudiamos cada día las últimas profecías de los augures y un temblor de protones permanente recorre las calzadas de la República, desde la cueva Lupercal a la Última Thule, sin bárbaros ni emperadores.

TRACTATUS

Y tras este Silencio que sucede al derrumbe de toda Metafísica, admitamos, Lucrecio, no el fracaso, mas la impotencia de nombrar al mundo. El poema no es sino artificio, maquinaria verbal bien calibrada que utiliza un enigma inexistente para hacer una pregunta musical, sin aumento de conciencia o de saber y que debiera callar cuanto no sabe: zona desconocida de belleza. Átomos de lógica, trincheras reventadas, el soldado Wittgenstein camina a través del fuego cruzado de su muerte, invulnerable, a su pesar, al fuego; busca la lenta rosa y su pausado crecer benedictino. Ved al sabio oficiar de jardinero o de maestro en las escuelas de los bosques, sumergido en la calma del pensar, con la faz afilada de los números primos. En principio era el Verbo, Lucrecio, y tus partículas, sólo juegos absurdos del lenguaje, sonidos de intuición.

ANTON BRUCKNER

Semilla de cristal, big-bang, onda de luz, magma de la música espiral. De la nota sostenida asciende la vidriera trepidante y gótica: llamarada azul de los metales, columna aérea del timbal, estridente violín, pináculo de Fe. Una campana de sonido suspendida, una catedral henchida de belleza, sobrevuela la sala de conciertos a punto de estallar y desplomarse en átomos de voces redentoras. Abandonamos, ungidos, el teatro. ¿Y nuestra lengua? Arquitectura de papel vacía, prosa lastrada por palabras de piedra, cenizas de la zarza consumida por el fuego de un titán.

HOMENAJE A PUCCINI

Una magnolia nace de la escena en penumbra, un blanco resplandor que sube de la honda garganta de la melancolía. La orquesta es una bóveda irisada por donde vuelan voces como pájaros, surtidores de dulces melodías que avivan el ascenso de la flor. Recóndita magnolia, con los ojos arrasados por un llanto de ensueño hemos visto arder tus pétalos abiertos, la geometría tersa de tu esplendor. Cuando el telón guillotine tu corola dormida y en el alto paraíso tristeza y alegría concierten un aplauso de la misma sustancia, cuando la góndola mágica difunda ondas de olvido hacia el perfil diluido del teatro, tu cálida fragancia durará todavía, magnolia, lágrima cortada en el jardín de los sueños como un triunfo de la vida.

Publicado en el número 1 de la revista.