Jesús Aguado

EL SABER DE LOS BÁRBAROS

Sabemos que los bárbaros
han secuestrado el tren de suministros.

Sabemos que los bárbaros no saben
que un tren no es un caballo
que galopa azuzado por látigos y espuelas.

Sabemos que los bárbaros están
invocando a sus dioses para que el tren avance
y cruce la frontera hacia el desierto.

Sabemos que los bárbaros realizan sacrificios,
muerden sus amuletos de latón,
se sajan con punzones antebrazos y pechos.

Sabemos que los bárbaros amamantan el tren
con pellejos hinchados de leche de camella.

Hemos puesto vigías y por eso sabemos
que los bárbaros duermen junto al tren,
se comen nuestros víveres, se ponen nuestras ropas,
cargan en sus carretas nuestras armas,
se cuentan nuestros sueños como si fueran suyos
en su lengua de hiel y escarabajos.

Ya llegaron las tropas de refuerzo
y, sin embargo, no los atacamos
por respeto y envidia
de cómo un pueblo bárbaro
sabe más que nosotros del alma y de los trenes.

Sabemos que los bárbaros
morirán defendiendo su cachorro de trueno
antes que devolvérnoslo a nosotros.

Sabemos que los bárbaros son fuertes y obstinados.

Después de unas semanas
retiramos las tropas, los vigías,
regresamos al fuerte cabizbajos.

Ya tenemos bastante.

Que se lleven los bárbaros el tren a su desierto
y lo yergan altivo en una duna
y esperen la justicia de que por fin despierte.

No queremos estar cuando eso pase
y los bárbaros rujan despiadados
y el tren que fuera nuestro les responda
con relinchos y truenos espantosos.

 

 

 

 

Publicado en el número 1 de la revista.