Pilar Márquez

RÍO GRANDE

Con los pies en el suelo
presta a emprender el vuelo

Por si me ausento –para volver quizá–,
por si me fuera hoy mismo para siempre,
guardadme algún atuendo
con olor a azahar o a moras
y unos zapatos cómodos
que me hagan el viaje llevadero.
No quebréis el desorden todavía
de los libros del alma, mis textos, la hojarasca
de prensa recortada, porque en ellos
os lego un testamento
que habría de escribir si tengo un rato:
en esas hojas quietas
han bebido mis ojos la vida a pie de luz,
el pan de cada día para ir tirando.
En ellos vivo aún. Sentir podréis
el ritmo intenso de mis sentimientos
allegro moderato, lento nocturno azul.
Aprendí en ellos
una manera de soñar despierta:
con los pies en el suelo
presta a emprender el vuelo.

Y mientras esté fuera
o cuando me haya ido,
que los muertos se ocupen de sus muertos.
Vivid, vivid la vida a pulmón pleno,
cada cual a lo suyo
para que la tarea sea siembra común
Con los pies en el suelo
presta a emprender el vuelo
y descansemos
en los deseos cumplidos.

Ahora permitidme vagar por este mundo
sin más obligación que la de darme
a quien me necesite
—por ejemplo, a mí misma.

Y gracias
siempre
por cargar con mi ausencia,
vosotros que tanto sustentasteis
mi estancia cotidiana,
mi merodeo esporádico en anegada o fértil
soledad,
mi –a veces excesiva– incómoda presencia
reseca, muda, enajenada, autista.
Gracias por aceptarme y compartirme
en todas mis vertientes,
especialmente en esta que me lleva
hasta el río en que habremos de encontrarnos.

 

 

 

Publicado en el número 1 de la revista.