Paris, domingo 3 de noviembre de 1907. Elegante salón del restaurante del fastuoso Hotel Continental, junto a la Opera Garnier. En torno a una mesa se reúne un grupo de eminentes matemáticos franceses: Desiré André, Paul Appell, Émile Borel, Pierre Boutroux, Gaston Darboux, Jules Drach, Georges Fouret, Jacques Hadamard, Georges Humbert, Camille Jordan, Charles-Ange Laisant, Louis Olivier, Paul Painlevé, Henri Poincaré. Excusa su asistencia Émile Picard.
Forman parte y dirigen las sociedades científicas y matemáticas y las revistas matemáticas más importantes de Francia: la Académie des Sciences, la Société Mathématique de France, el Journal des mathématiques pures et appliqueés, el Bulletin des sciences mathématiques, los Nouvelles Annales des mathématiques, el Intermédiaire des mathématiciens, la Revue du Mois, L’Enseignement mathématique, y la Revue Générale des Sciences.
El anfitrión, que preside la mesa, es el matemático siciliano Giovanni Battista Guccia, fundador del Circolo Matematico di Palermo y director de su revista científica, el Rendiconti del Circolo Matemático di Palermo. Guccia se sienta entre Gaston Darboux y Camille Jordan, enfrente, su íntimo amigo Henri Poincaré.
Dos son los objetivos de la reunión. Por una parte, anunciar y difundir la celebración, el año siguiente en Roma, del IV Congreso Internacional de Matemáticos, organizado conjuntamente por la Accademia dei Lincei (de Roma) y el Circolo Matematico di Palermo. De hecho, en plena reunión se recibe un telegrama del matemático italiano Vito Volterra invitando a todos los asistentes al congreso.
El segundo objetivo, de mayor calado, corresponde a una meta personal de Giovanni Battista Guccia. Visionario del futuro de la organización internacional de la cooperación científica en matemáticas, Guccia cree intensamente que debe crearse una Asociación Internacional de Matemáticos, que difunda la información científica, organice reseñas de trabajos, edite un anuario de las matemáticas, ayude en la unificación de notaciones, cree un directorio de matemáticos del mundo, recupere las grandes obras matemáticas del pasado,… Para ello cree tener el instrumento adecuado: el Circolo Matematico di Palermo, una sociedad matemática muy respetada y con un altísimo grado de internacionalización entre sus miembros. Su intención es que en el congreso internacional de Roma se adopte el acuerdo de convertir el Circolo Matematico di Palermo en la nueva Asociación Internacional de Matemáticos.
El visionario plan de Guccia ignoraba fronteras y países, fobias y filias, y solo buscaba contribuir al progreso de la ciencia. Por lo tanto, fracasó. En el congreso internacional de Roma, y en el siguiente, celebrado en 1912 en Cambridge, se miró con desdén la propuesta de Guccia, que finalmente fue descartada. El mundo de aquellos momentos caminaba decididamente y con la frente alta en la dirección contraria (hacia el desastre de la Primera Guerra Mundial). Los planes en la línea de lo ideado por Guccia tuvieron de hecho que esperar hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se refundó, en Roma en 1952, la Unión Matemática Internacional.
Consolémosnos de aquel fallido intento con los detalles del menú de la cena, escogido siguiendo el exquisito gusto de Giovanni Battista Guccia:
Bouchées à l’Americaine
Petite Marmite Henri IV
Triute saumonée Galliéra
Poularde sautée Mesicaine
Parfait de Foie Gras au Porto
Pedreaux flanquées de Cailles, salade Rachel
Asperges sauce Mousseline
Poires Voilées à l’orientale
Friandises
Fruits et Desserts
Los vinos que se sirvieron fueron Chateau Jilhol 1899 y Pommard 1er 1895; el champán, Veure Clicquot Carte Jaune. Se concluyó con café y licores.
Nota para interventores de gasto y seres afines: los 554 francos que costó el convite fueron por cuenta de Guccia, quien, por si acaso, guardó la factura.
Fuentes:
Archivo del Circolo Matematico di Palermo. Sección: Guccia.
Un dîner mathématique, L’Enseignement Mathématique, 9 (1907), pág. 491-492.

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